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Hace poco, en un ejercicio académico, oí la siguiente anécdota: En una investigación sobre el vínculo afectivo de los niños en su casa, la investigadora preguntó: ¿Qué es lo más importante para ti en tu casa? Y un niño de 10 años contestó: “La nevera” Cuál sería mi sorpresa y la de ella aún más, fue así como rápidamente empezó a indagar sobre el principio que motivaba la elaboración de la misma.
La explicación del niño fue la siguiente: “Mis papás salen temprano y llegan tarde y todo me lo dejan escrito en un papelito que pegan en la nevera”.
¿Y nuestros hijos son hijos de quién? De pronto algunos del wii, otros de internet, otros del computador y otros serán huérfanos, por múltiples circunstancias que no voy a juzgar.
Cada día que me levanto pienso que nuestra responsabilidad es gigante, mi invitación es que debemos sembrar en nuestros hijos la seguridad de que los amamos, pero a la vez la seguridad de que ellos deben amar a sus hermanos, a sus amigos; no olvidemos enseñarles a vivir por sí mismos, que no necesiten generar dependencia de nadie. Que aprendan a ser solidarios y apoyarse en los demás, enseñémosles a amar desde la diferencia, reconociendo las necesidades y la fragilidad del ser humano.
Enseñémosles que ser solidarios no es ser bobos, que ayudar al prójimo y quererlo como es, no es de santos, es de damas y caballeros, es de valientes transeúntes que viajan desprevenidos por la vida en busca de la verdad, la justicia y el bien ser y el bien vivir. Eduquémoslos para el servicio y apoyo por los que no se pueden defender solos, por limitaciones físicas, psicológicas o mentales. Eduquemos a nuestros hijos en la generosidad de la solidaridad, no en el egoísmo de la comodidad o de la superioridad que se ve reflejado en la egolatría; la vida los compensará.
Y por último, no permitamos que nuestros hijos sean los hijos de la nevera, de las niñeras, de los conductores o de la tecnología; por algo se llaman nuestros hijos.
Esta es una nueva y buena oportunidad, sembremos la semilla del amor y de la solidaridad en casa, no hay mejor terreno y abono que el amor de la familia.
Hasta pronto y buena suerte, sembremos hoy la semilla del amor y recogeremos mañana el fruto de la PAZ. |