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Para formar a los hijos hay que ser valientes |
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Escrito por Ángela Marulanda
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domingo, 31 de julio de 2011 |
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No cabe duda que para ser buenos padres se necesita una inmensa dosis de amor y paciencia. Pero quizás lo que más requerimos para formar hijos dotados de las virtudes y capacidades que les permitan llegar a ser buenos seres humanos -y por ende felices- es tener la valentía para hacer lo que más les conviene a los niños, por duro o difícil que pueda ser para nosotros.
El compromiso de ser padres nos coloca a diario en situaciones que nos exigen mucha valentía para no privar a los hijos de los límites que necesitan para que se rijan por los principios que les inculcamos y que tengan la fortaleza para ponerlos en práctica. Por ejemplo, se necesita valor para no recibir al pequeño en nuestra cama cuando nos suplica que lo dejemos dormir con nosotros; para no llevarle al colegio la tarea que olvidó en casa cuando el niño nos llama implorando que lo hagamos porque de lo contrario reprobará la materia; para no dejarlo ir a ese paseo o fiesta en los que sabemos que no habrá adultos que los supervisen; para no pagar la fianza y evitar que lo arresten cuando es importante que aprenda las consecuencias tan serias que tienen sus errores.
Muchos de los problemas de los hijos hoy son el resultado de creer que ser buenos padres es ser complacientes... y no valientes. Los padres complacientes trabajan a toda hora con el fin de darles todo a sus hijos, mientras que los valientes trabajan mucho en ellos mismos para darles lo mejor de sí. Los padres complacientes hacen lo posible por resolverles los problemas y evitarles sufrimientos a sus hijos, mientras que los valientes les permiten enfrentarlos para que aprendan a superarlos. Los padres complacientes se miden por los beneficios económicos que su éxito profesional le ofrecen a su familia, mientras que para los valientes lo que cuenta es el precio que sus hijos pagan por las exigencias de su éxito profesional. Para lo que se necesita aún más valentía es para no inventarnos justificaciones que nos permitan decirles a los niños "sí" cuando sabemos que debemos decirles "no"; y convencernos de que todo lo hacemos por su bien cuando realmente lo hacemos por el nuestro. Tenemos que comprometernos tan seriamente en su formación que le demos absoluta prioridad a educarlos como personas correctas y bondadosas. Tomado de: El Colombiano |